Alejandro Lamas

 

Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Fay Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla, y pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquinas hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos —y sin comprar boleto— con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el film y una vez dentro ansiosamente buscó a su verdadero amor: Chita.

René Avilés Fabila

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