(…) En el corpus de obras producidas por mujeres, ¿se aprecian características comunes, que las emparenten entre sí y las distingan de las obras de autoría masculina?
(…) La pregunta es bastante reciente. En un primer momento, la crítica literaria feminista se planteó otra: analizar la visión de la mujer en las obras literarias escritas por hombres. Fue el criterio de Kate Millett, que en su célebre ensayo de 1970 Política sexual pone de manifiesto las relaciones de poder implícitas en las relaciones sexuales tal como las describen algunos autores hombres (tres heterosexuales: Mailer, Miller, Lawrence, y como término de comparación uno homosexual, Genet). Iniciaba así el modelo de crítica llamado "Imágenes de mujer" que se extendió por las universidades americanas en los años setenta, y que analizaba los estereotipos femeninos en las obras de autores masculinos. (…) Se trata, en suma, de leer las obras desde el punto de vista de una mujer y analizar cómo cambia con ello nuestra percepción del texto.
Pero pronto se inicia dentro de la crítica feminista una nueva corriente, ya no en torno a la mujer como lectora sino como escritora. Ellen Moers, con Literary Women, en 1976, y muy especialmente Elaine Showalter con A literatura of their own en 1977, emprenden una labor de redescubrimiento (…). Para Showalter, la primera condición para teorizar sobre la literatura escrita por mujeres es conocerla, y para ello no basta analizar a las más destacadas.
(…) Para [Sandra] Gilbert y [Susan] Gubar, el rasgo fundamental que tienen en común las obras de las escritoras es el empeño en revisar las imágenes femeninas recibidas a través de la cultura patriarcal, imágenes según las cuales, para empezar, las mujeres carecen de creatividad artística. De ahí dos rasgos recurrentes en la literatura escrita por mujeres. El primero es la búsqueda de precursoras, míticas o reales: se retoman figuras arquetípicas de mujer procedentes de la tradición pagana o cristiana, de la historia, de la literatura… y se reinterpretan, se les da la palabra, se reescribe la historia o el mito desde su punto de vista. El segundo es la creación de personajes femeninos opuestos, como dos caras de una misma moneda, que a grandes rasgos podemos definir como la mujer convencional y la rebelde. En la Inglaterra victoriana, esos dos prototipos son el "ángel del hogar" y la loca peligrosa (…)

Laura Freixas, Literatura y mujeres
(Destino, Barcelona, 2000)