Hay un famoso pasaje al principio de Una habitación propia, en el que el "yo" ficticio de Virginia Wolf, sentado en la ribera del río Oxbridge para meditar sobre el tema de las mujeres y la ficción, se siente repentinamente preso de una gran excitación, de un tumulto de ideas. Incapaz de seguir tranquilamente sentado, aunque perdido en sus pensamientos, "yo" se pone a caminar rápidamente por las praderas del campus [la cursiva es de Teresa de Lauretis].
De repente la figura de un hombre se irguió para interceptar mi camino. Al principio ni me di cuenta de que las gesticulaciones de un objeto de aspecto curioso, metido en un abrigo recortado y con una camisa de etiqueta, se dirigían a mí. Su cara expresaba horror e indignación. El instinto más que la razón vino en mi ayuda; él era un bedel; yo era una mujer. Estaba sentada en el césped; allí estaba el sendero. Sólo se les permite el paso por aquí a Profesores y estudiantes; mi lugar estaba en el sendero.
La ironía del pasaje, con su exagerado contraste y la enfática desproporción entre las dos figuras, "yo" y el guardián del patriarcado académico, llega a su máxima expresión en las oraciones que he subrayado. Pues lo que Wolf llama "el instinto más que la razón" en realidad no es instinto, sino una inferencia, esto es, el proceso mismo en que se basa el razonamiento; un razonamiento que (y este es el quid del pasaje) no se admite en las mujeres ni se les permite.
( ) "Experiencia" es una palabra que aparece una y otra vez en el discurso feminista, como en muchos otros que van desde la filosofía al habla conversacional cotidiana. Aquí sólo me interesa el primero. Aunque muy necesitado de aclaración y de elaboración, el concepto de experiencia me parece de una importancia crucial para la teoría feminista en la medida en que recae directamente sobre los grandes temas que han surgido a raíz del movimiento femenino: la subjetividad, la sexualidad, el cuerpo, y la actividad política feminista.
( ) Pero si queremos ampliar nuestra comprensión crítica de cómo se engendra el sujeto femenino, lo que significa decir cómo se establece y se reproduce (al infinito, por lo que parece) la relación de las mujeres con la mujer, hay que elaborar teóricamente la idea de experiencia. Hay que confrontarla, por una parte, con las teorías relevantes del significado y de la significación y, por otra, con las concepciones relevantes del sujeto.Teresa de Laurentis, "Semiótica y experiencia", dentro de Alicia ya no (traducción de Silvia Iglesias Recuero; Cátedra, Madrid, 1992).